Fray Sebastian


Fray Sebastian de Jesús


Fray Sebastián Sillero, nace en Montalbán de Córdoba el 22 de Enero de 1665. Hijo de Alonso Sillero y de María Pérez, matrimonio piadoso al que la pobreza obligaba a trabajar de jornaleros y a vivir a las afueras del pueblo una choza. A los ocho días fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa María de Gracia, con el nombre de Sebastián Aparicio. Fueron sus padrinos don José de Alfán y doña Ana de Castro.

Los padres de Sebastián, sencillos y virtuosos, le enseñaron las oraciones y la devoción a Jesús del Calvario. Esa fue la única enseñanza que recibió de sus padres, pues la triste situación en que vivían no le permitían mandarlo a la escuela. El solo aprendió a leer y escribir.

Murió el padre de Sebastián, y debido a la falta de medios de subsistencia un hermano de su madre, vecino de Écija.
Allí aprendió los rudimentos de la pintura, y lo encontraban siempre pintando en la paredes imágenes de santos. Al contraer su madre segundas nupcias con un hombre de Montalbán, la familia regresó de nuevo a su pueblo de origen, y Sebastián, para ayudar en casa, se puso a trabajar.

Al poco tiempo, cuando ya contaba con 16 años, su tío lo mandó llamar a Écija, se puso a trabajar en el arte de la seda, oficio que ejerció durante 5 años en el que pasaba buena parte de su tiempo libre absorto en las iglesias, sobre todo la del convento de San Francisco, de los franciscanos descalzos. Sebastián se sintió atraído por aquella vida, y decidió ingresar allí. El 19 de Enero de 1.686 empezaba el noviciado., después del cual profesó la Regla franciscana con el nombre de Fray Sebastián de Jesús, por la devoción que le tenía a la imagen de Jesús del Calvario de su pueblo. Al año siguiente recibió las órdenes menores. Luego pareció bien a sus superiores darles en encargo de  la recolección de limosna por los campos ecijanos, que ejerció durante dos años. Por su modo de ser, humilde y discreto, la gente empezó enseguida a tomarle aprecio e incluso cierta devoción. Era un habilidoso orfebre, y a los crucifijos que hacía y luego regalaba a los bienhechores le atribuían ciertos poderes milagrosos. Preocupados la fama de santo que iba en aumento, los superiores, después de mucho reflexionarlo, lo destinaron primero a Lepe, luego a Ronda y a Sanlúcar; hasta que se dieron cuenta de que, con los cambios de convento, lejos de disminuir su fama lo que conseguían era aumentarla , de modo que lo mandaron definitivamente a Sevilla.


Durante la estancia en Sevilla del Infante Carlos (futuro Carlos III), éste tuvo ocasión de conocer al afamado clérigo, y quedó impresionado por su humildad. Fray Sebastián había ido a visitarle, para advertirle del peligro de una borrasca en el viaje, y para entregarle un crucifijo que debía protegerlo. La borrasca, en efecto, sobrevino, pero Carlos prefirió capear el temporal, antes que arrojar el crucifijo al mar, como le había indicado Sebastián que hiciera.


El 2 de octubre de 1.743, le asaltó a Sebastián una ardiente calentura y un dolor en el costado. La noticia de su gravedad se divulgó por Sevilla, y la gente acudió en masa a las puertas del convento. En el lecho de muerte recibió la visita de numerosos fieles y de varios pintores, que lo retrataron. Murió el 15 de octubre, y su cuerpo quedó expuesto en la capilla de la iglesia de la Veracruz, la misma donde fue enterrado. La muchedumbre que acudió a visitar su cuerpo sin vida exclamaba: "Ha muerto el santo, el padre de los pobres. Ya no está el que consolaba a los afligidos". En la actualidad el enterramiento puede localizarse en otro lugar, concretamente en la escalinata que da acceso al coro de la Catedral de Sevilla.

El rey Carlos III se enorgullecía de haberlo conocido y tratado en Sevilla, y fue él quien mandó expedir una real orden para iniciar el proceso de beatificación en 1.771. Para el proceso  se presentaron las declaraciones de 53 personas que lo conocieron, en la que relataban las gracias y milagros realizados por fray Sebastián. En carta del 2 de septiembre de 1773, dirigida al cardenal Solís, arzobispo de Sevilla, el Rey le contaba la historia de la cruz que le regaló fray Sebastián cuando iba a embarcarse para Italia, y que le había servido para curar de una grave enfermedad a la infanta María Luisa. 

El propio Rey Carlos III promovió el proceso de beatificación, mediante una carta dirigida al cardenal arzobispo de Sevilla, Francisco de Solís. Otro de los motivos que explicaba era porque de niño, fray Sebastián le pronosticó que iba a ser rey, cosa muy dificil por que era el tercero en línea de sucesión al trono y logró acabar siendo rey.

La muerte del rey interrumpió el proceso, y unido a los invasiones napoleónicas la causa se encuentra totalmente paralizada.

Es en este punto donde la Pro-Hermandad del Huerto ha dado un paso al frente. Inmersa en recuperar el espíritu franciscano que Montalbán tuvo,  y las raíces históricas que nunca ha de perderse, esta corporación se ha propuesto como meta incluir como titular de la misma ha Fray Sebastian de Jesús Sillero, para lo cual ha de ser beatificado.
Ya son varios los contactos que esta Cofradía ha mantenido con el Vaticano, y todo parece señalar que se está trabajando por el buen camino.

Dios quiera que pronto podamos daros buenas noticias.